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En la soledad de mi habitación, algunas veces el alba me sorprende oteando el otro lado aun a sabiendas de lo infructuosa que es esa búsqueda. Con ausencias por única compañía, el lecho se antoja ahora inmenso acostumbrado ya a usar solo una parte de el. Cierro los ojos y sin ningún esfuerzo llegan los fantasmas a mi mente, fantasmas de un pasado presente, de todas las que en alguna ocasión lo han llegado a compartir conmigo. No este colchón concreto sino cualquiera de ellos.

Curiosamente ya no duele… Es mas bien una sensación difícil de definir pues en español no tenemos una palabra para ello. Saudades la llaman en portugués… Es una mezcla entre la triste añoranza de lo que ya no tienes y la felicidad por haberlo tenido alguna vez. Es esa sensación agridulce que te embarga cuando te acuerdas de alguien querido que ya no está junto a ti… Y es que como ya he dicho en otras ocasiones… Las he amado a todas. Quizás no de la misma manera y quizás no como ellas necesitaban en ese momento, pero lo cortés no quita lo valiente.

No suelo adentrarme al centro de tan vasta superficie y el otro lado es ya terreno desconocido… como un desierto que se extiende delante y acaba en el abismo del borde. La parte positiva es que no necesito explorarlo pues ya se que nada es lo que voy a encontrar.

Seguramente acabaré por tomar posesión plena de todos mis dominios, cual señor feudal con un reino que se acaba de anexionar… solo es cuestión de tiempo. Cualquier dia de estos el otro lado de la cama dejará de ser ese viejo caserón vació y lleno de fantasmas.

Un saludo a todos y…
Nos vemos en la red.

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