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A veces me sigo fascinando con este mundo de los blogs… me parece de lo mas curioso y llamativo encontrarme con algunas entradas que si bien no son mías de puño y letra, es como si otras manos hubiesen escrito mis pensamientos…

Esta vez el post se lo he fusilado enterito a “Yo”, sin pedirle permiso ni nada… de forma descarada, de todas formas os invito a leer el original y otros muchos aquí.

Gracias “Yo” por ahorrarme teclear…

Estoy cambiando. Últimamente es como si tuviera todas mis “creencias” lapidarias en tela de juicio. Siempre he pensado que uno es como es y que así se morirá. Que hay cosas más superficiales que pueden cambiarse pero que lo más esencial de cada uno, un carácter, una forma de ser, de pensar o, incluso, de sentir, eso, eso no se cambia. Sin embargo ahora me noto distinta. Necesité un hecho puntual en un momento determinado del tiempo para echar la vista atrás y pararme a pensar en si la decisión que tomé en un momento dado en el pasado realmente me había servido de algo, si me sentía más feliz así o si, por el contrario, no hacía más que hacernos “daño” (por llamarlo de alguna forma) alternativamente a cada uno de los implicados de forma casi cíclica cada vez que uno intentaba rehacer su vida por separado. Y llegué a la conclusión de que, efectivamente, yo no me sentía especialmente feliz. Y que, igual, me estaba empeñando en prolongar algo que, tal vez, debió haber muerto del todo en su momento. Que tal vez no me atreví a hacerlo en su día por miedo. Por miedo a apartar de mi vida a alguien que siempre había significado tanto para mí. El que siempre estuvo. Ese con el que sabía podía contar incondicionalmente después de que la vida me diera algún revés… Uno de mis pilares. Pero el miedo, no nos confundamos, no es amor. Y no puedes pretender estirar lo inestirable por miedo a pensar que siempre ha sido tu amigo, que siempre ha estado ahí, que ¿ahora qué?. Que no vas a saber levantarte sola. Egoismo, tal vez. Costumbre. Inercia… Tender a hacer siempre las mismas cosas que cuando salíais… Caminar a su lado, sentarte a su lado… ¿realmente te apetece? ¿o lo haces porque siempre ha sido así?. Y entonces te das cuenta de que es absurdo. Que las personas en última instancia siempre son libres. Y que hay que saber dejarlas ir. Y que tal vez yo no supe hacerlo en su debido tiempo. Que estar cerca de los demás por miedo a no saber estar sin ellos, por inercia, por costumbre… por… no sé… todo eso, no conduce a nada. Y sí… tomé una decisión que me costó lo mío. Una decisión que sé que, a día de hoy, aún hay quién no entiende. No sé si he hecho bien o si he hecho mal. No me lo planteo. Sólo sé que quería hacerlo. Me apetecía probar. Tal vez necesitaba hacerlo. Demostrarme a mí misma que podía. Tomé por un camino que a día de hoy no sé si era el correcto ¿por qué no probar ahora por el otro? ¿por el que no quise coger? El resultado de todo ello es que hará cosa de unos ocho meses o así que no le veo. Y estoy contenta porque me he dado cuenta de que sé seguir sola. Que no le extraño. Que puedo. No le odio, ni le he olvidado ni tengo intención de hacerlo. Simplemente le he dado el lugar que le corresponde en mi vida como parte importante de mi pasado. Le he dejado ahí, guardadito entre mis recuerdos. Si algún día le vuelvo a ver lo saludaré como es debido, pero nada de volver a quedar y vernos todos los días como los amigos que siempre fuimos. Ya no. No más pasos atrás cuando quiero caminar hacia el frente. Yo que siempre pensé que era una pamplina dejar de tener trato con los “ex” por el mero hecho de que las cosas no hubiesen salido bien… y ahora… Ahora ya no lo tengo tan claro… Hace apenas unos meses, Ane me decía que no podía pasar por la vida de puntillas. Que esa teoría que comparto con K del “no seré feliz del todo, pero al menos no sufro” iba siendo ya hora de que la mandara a hacer puñetas. Que si no siempre tendría esa sensación que tengo de que los años pasan por mí sin pena ni gloria. Que en la vida hay que arriesgarse. Que no se puede caminar por ella con miedo. Que te estrellas ¿y qué?. Al menos has vivido. Y que sólo habiéndolo pasado mal antes, aprendes a valorar cuándo eres feliz y cuándo no. Que hay que aprender a caer y a levantarse. A saber luchar por lo que uno quiere y dar la importancia justa a cada cosa. Ni más ni menos. “Eres una mariposa, lo que pasa es que estás ahí metidita en tu capullo por miedo a salir y que te hagan daño. ¡Atrévete a salir y a desplegar las alas! Que hay por ahí muchas valiendo mucho menos que tú que van de mariposas por la vida y tú estás ahí “encogía” ¡Espabila!” Y así, con su pequeña metáfora consiguió cambiarme el careto apochado que se me estaba quedando con su “sermón” por una sonrisa grande. Pero lo cierto y verdad es que me hizo pensar. Hace dos días, mientras mirábamos el sol ponerse desde la arena, me volvieron a decir lo mismo, curiosamente. “Quilla… te lo digo como amigo, ya no sólo de cara a tu relación con los demás y en el ámbito de las relaciones de pareja… sino por todo… no juegas a los bolos porque te da corte, tampoco quieres jugar al billar porque también te da vergüenza… no subiste a la torre porque te daban miedo las escaleras… no quieres bailar porque dices que no sabes… ¿te has dado cuenta de la cantidad de cosas que te pierdes por miedo o por corte? ¿tú cuándo vives? Todo el mundo sabe cantar y bailar. Algunos lo hacemos peor y otros mejor, pero como saber, todo el mundo sabe… y si no ¿qué? ¿qué importa que los demás te miren? ¡vive! y deja de ponerte trabas a ti misma” Y en ello ando. Y por eso quienes me conocen desde antes me notan rara. Porque ahora intento pensar más en mi misma que en los demás. No me agobio pensando en si esto o aquello está mal. En lo que puedan o no pensar. En si debo o no debo. En si me miran o si no. En si lo acabaré pasando mal de nuevo… No quiero agobiarme pensando de más. Últimamente sólo me pregunto si me apetece o si no. Y actúo en consecuencia. Así de simple. Agradezco a quienes se preocupan por mí, familia y amigos el que quieran librarme de las hostias. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena. Y mi vida la tengo que vivir yo. Y por mucho que ellos quieran librarme del dolor no puedo vivir siempre en una burbuja. Tengo que aprender a estrellarme (o no) y a saber levantarme intacta. Pero sobre todo, tengo que aprender a vivir. Por mí misma.

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Debido al gran éxito que ha supuesto la entrada de El planeta de los simios, evidentemente no por la interesante lectura que ofrezco sino por la película a la que hace referencia el título… mas de 700 visitas y subiendo, que chasco mas grande se tienen que dar cuando vean lo que es… Bueno, que me voy por los cerros de Úbeda (Jaén), como iba diciendo, dado el gran éxito de esa entrada parece lógico que al igual que las grandes productoras yo también haga la segunda parte, ¿no?

Esta vez no me iré por las ramas para hablaros de los monos que en ellas moran… ya esperaré a que la entrada se convierta en un clásico para hacer un remake. Esta vez hablaré de lo monas que se ponen algunas cuando llegan estas fechas estivales recortando ropas, enseñando muslo y pechuga como para dar envidia a cualquier pollero, o del genero masculino, que salidos como monos ante semejante despliegue de medios mas de un día alguno acaba en casa pelando la banana cual macaco o incluso con el culo pelado.

Podría también hablar de esos/as gorilas que hay por ahí sueltos que piensan que la depilación es propia de la debilidad del ser humano y no va con su carácter de gran simio… Pero prefiero hablar de la macaquilla que con sus gracias y monerías siempre es capaz de arrancarte una sonrisa, por jodido que estés, esa macaquilla cariñosa y complaciente, como deberían haber sido todos los seres si Dios realmente hubiese sabido lo que estaba haciendo… Esa macaquilla que sabe sacar lo mejor de ti incluso el día que estas cabreado como un mono.

Brindo por ti macaquilla… tú si que entiendes el significado de ser una niña mona.

Un saludo a todos y…
Nos vemos en la red.

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Foto temporal hasta que consiga hacer salir la mía del movil (ya la tengo rodeada)

La gente que mas o menos me conoce sabe que a mi se me conquista por el estomago… eso siempre ha sido así, por eso mi gran amor platónico (por los platos que hace) es Su del blog webos-fritos (Un saludo Su).

Quizás una de las ventajas indiscutibles que encuentro en relacionarme con gente de otras partes de este mundo es la diversidad culinaria (perteneciente o relativo a la cocina, no hablo de culos) que eso conlleva. Me parece genial poder sorprender a mis nuevos amigos con algo tan castizo como unas croquetas de jamón y deleitarme con algo que para ellos es tan básico como unos simples frijoles… Redescubrir algunos ingredientes usados de formas diferentes a la que estamos acostumbrados o incluso conocer otros que de otra manera quizás nunca hubiese conocido.

Antes para hacer la compra iba al supermercado, ahora ademas me recorro los locutorios en busca de algunas cosas de importación que no son tan comunes (al menos para la mayoría de nosotros). Lastima que el Carrefour me quede tan retirado porque la ultima vez que pasé por ahí tenían productos muy interesantes en el pasillo de la comida internacional.

La cocina brasileña me encanta, me hace mucha gracia porque le da un aire a la española, de manera tal que a veces usando otros ingredientes cocinan platos que recuerdan a los nuestros. Es una cocina muy variada y está llena de pequeñas joyas gastronómicas hechas con ingredientes y técnicas muy básicas. Una de esas joyas es el pan de queso, dejo aquí la receta.

Ingredientes:

  1. 500 gr (lo que venia en el paquete) de almidón ácido de mandioca (o yuca que es la misma cosa), con el dulce creo que también sale bien pero aun no lo he probado (los brasileños llaman a esto polvillo).
  2. 50 cc de leche (de vaca, con la de cabra creo que sabrá raro y con la de camella no quiero ni pensar).
  3. 200 cc de agua (incolora, inodora e insípida).
  4. 150 cc de aceite de girasol (he dicho aceite un paquete de pipas no es lo mismo).
  5. 5 huevos medianos (o 4 grandes o medio de avestruz).
  6. 1 cucharadita de sal (o media cucharada o una parte del cucharón o una pizca de una pala… y ¡hasta el infinito y mas allá!!)
  7. 100 gramos de queso en polvo (a falta de queso mineiro, un paquete de el caserío especial pasta son 90 o 95 gramos y sale bien).
  8. aceite de oliva (o girasol) para mojarnos las manos (la cantidad dependerá del tamaño de las manos de cada cual).

Preparación:

  1. Se pone en un cuenco el almidón y la sal.
  2. Se ponen todos los líquidos en un cazo o cazuela y se llevan a ebullición.
  3. Cuando empieza a hervir se retira del fuego y se escalda bien todo el almidón.
  4. Se empieza a mezclar para ir formado una masa (con la mano no,  que quema).
  5. Se añaden todos los huevos y se sigue amasando.
  6. Encender el horno a 200º o mas para calentarlo.
  7. Se añade el queso y se termina de amasar, la masa debe quedar un tanto elástica.
  8. Se untan las manos con aceite de oliva (o girasol) y se van cogiendo trocitos de masa para formar pelotitas del tamaño de una albóndiga con ellos.
  9. Se colocan en una fuente para horno dejandoles una separación ya que crecen bastante (doblan su tamaño).
  10. Se introducen en el horno y se hornean a 180º durante unos 45 minutos hasta que tengan el aspecto de un panecillo dorado (por si acaso ir echando un ojo desde los 30 minutos).

La he explicado de la forma mas sencilla que he podido, realmente no es complicada… tan solo es ponerse a ello.
Se supone que la masa se puede congelar una vez hechas las bolitas… y creo que tengo oído que en la nevera bien tapadas aguantan un día o dos, pero no he probado ni lo uno ni lo otro.
Este pan es para comer caliente, casi recién hecho… Ellos lo acompañan con ese café brasileño afrutado y ligeramente ácido y esta buenísimo.

Ale, si un sábado por la tarde no tenéis nada mejor que hacer ya os he dejado entretenimiento. El almidón que uso es de marca “Yoki” y lo compro en locutorios, Yoki también tiene un preparado para hacer pan de queso al que solo hay que añadirle agua y leche y amasar y tal pero casi lleva el mismo trabajo y no es lo mismo.

Un saludo a todos y…
Nos vemos en la red.

EDITADO:

Si alguien copió la receta a la primera que le de un repaso que confundí las cantidades de aceite y leche (entre si) y me olvidé de la sal… Eso pasa por escribirla así de memoria… Para una vez que pongo una receta… en fin.

También hoy estoy en condiciones de afirmar que con el polvillo dulce también queda bien, aunque por lo que parece no sube tanto como el ácido. Quedan un poco mas achatados pero igual de buenos.

Sobre lo de guardar la masa en la nevera también me informe bien, hay que untarla previamente con aceite para que no haga costra y luego envuelta con plástico o en algún tupper tapado se mete en la nevera y aguanta varios días.

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Hacía mucho que no escribía… Como le comentaba a alguien por correo creo que es debido a la incipiente monótona rutina en la que ha empezado a caer mi vida. Casi normalizada ya mi atípica situación sentimental (al menos atípica en los círculos que yo me muevo), han dejado de llamarme la atención cosas que en otro tiempo me parecieron mas fuertes o por lo menos no tan comunes. Por ejemplo ha dejado de ponerme nervioso que el jefe de Patrice me vea salir del local con dos o tres de “sus chicas” y sin pasar por caja… ya me tiene muy visto, sabe que no le doy problemas y el tampoco me los presenta a mi… incluso el otro día estuvimos cenando en un restaurante de su propiedad y cuando nos vio en lugar de preguntar que cojones hacíamos allí a esas horas, nos invito a la cena.

– ¡Coño! ¡Que bien! Mañana repetimos…

– No jodas, que mañana es viernes…

Que se le escapen un par de ellas a cenar un jueves no pasa nada, el viernes no, que hay que currar…

No se si es monótona rutina como dije en un principio o se debe a mi grado de asimilación de situaciones que antes podrían ponerme mas nervioso… lo único que se es que ahora la vida discurre de una forma un tanto mas tranquila, lo cual me agrada.

Claro, eso en el tema personal, porque en el plano laboral la cosa cambia. “De la noche a la mañana” hemos pasado de no tener nada a tener cámaras de videovigilancia, un servidor proxi para controlar las salidas a Internet, un software que cada vez que se enciende la máquina genera un informe con todos los programas que hay instalados (por si al antivirus se le escapa algo y/o por si instalamos conscientemente alguna cosa “nociva”) y la última nos ha llegado con la LOPD (Ley Orgánica de Protección de Datos para el que no la conozca) por la cual se me ha asignado una contraseña aleatoria buenísima e imposible de memorizar la cual me han entregado personalmente en un papelito convenientemente doblado pues según se ve por teléfono no me la podían dictar, no se si será por si el teléfono está pinchado o por si la secretaria es un topo que trabaja para el enemigo (y no se le puede ocurrir desdoblar el papelito para echarle un vistazo)… aunque vamos, siempre se la puede asesinar después para que no pueda revelar información… Lo malo no es que me hayan dado una contraseña… lo malo es que además se supone que tendré que usarla y según el documento de marras no únicamente para iniciar sesión, sino con acciones tales como poner un salvapantallas protegido con contraseña y bloquear el equipo cada vez que una emergencia (léase ir al baño) me haga levantarme de mi sitio… y no solo eso, además tengo que estar muy pendiente por si alguien otea por encima de mi hombro, supongo que en busca de las claves de ataque de los misiles rusos que tengo puestas como fondo de pantalla o los miles de secretos de estado que pasan por mis manos al cabo del día. Ni que decir tiene que en cuanto logre memorizar la puñetera clave tendré que destruir cuidadosamente el papelito en el que me la han suministrado y supongo que también debería asesinar a cualquiera que haya tenido algún contacto con el… Espero que no se me autodestruya en el bolsillo al mas puro estilo Inspector Gadget.

Debería ponerla con un post-it pegada al monitor a ver cuanto tardan en darse cuenta…

Un saludo a todos y…
Nos vemos en la red.