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cocinar

Me gusta cocinar… aunque cuando está mi madre prácticamente nunca lo hago. Vago que es uno hasta para las cosas que le gustan… Debe ser porque la frase no es del todo cierta… Lo que realmente me gusta es comer, para lo cual poco a poco he ido aprendiendo a cocinar, algo que como la informática, nunca se deja de aprender.

Creo recordar (pues no lo tengo delante) que en una de entrada de este blog ya comente que lo mio ha sido totalmente autodidacta… que nadie me ha enseñado y todo lo que he ido aprendiendo ha sido a base de mirar recetas (libros, revistas y ahora Internet), ver programas y observar (y preguntar) a la gente cuando cocina.

Una de las cosas que mas me gusta de ir a ver a mis amigos brasileños (aparte de que son gente estupenda) es que tienen por costumbre “reunirse” (visitas incluidas) en la cocina, de manera que mientras tomamos un vino puedo echar un ojo y una mano si se tercia a lo que se hace en los fogones… Me salen unos frijoles tan buenos como los suyos.

El tema es que hoy… no se por que, me he acordado que esto no es del todo cierto. Hace mucho tiempo, mucho antes de irme a vivir solo que es cuando realmente empece mi periplo con las cacerolas, contaría yo con 15 años, en el internado donde estudiaba, en una de estas semanas culturales que hacían, se realizó un “taller de cocina” al que me apunté una vez mas movido por mi estómago pues pensé que a mal que lo hiciésemos la comida sería mejor que la que solíamos comer ahí (hasta que contrataron la empresa externa de catering pero eso es otra historia). El taller duraba tan solo 2 o 3 días, quizás 4, no recuerdo, se que fue algo no muy prolongado en el tiempo. De ese taller de cocina no me acuerdo de casi nada, no se por que es algo que mi memoria decidió perder en las brumas del tiempo, pero aun recuerdo algunas cosas:

Recuerdo que me llamó la atención que hubiese un aula de cocina tan bien preparada en el sótano, pensándolo ahora, contando que antes de ser un instituto mixto fue una especie de colegio para señoritas tampoco se de por que me extrañó tanto.

Recuerdo también, porque me llamó poderosamente la atención, que de las treinta personas que mas o menos nos apuntamos al taller, tan solo eramos dos chicos. Contando que los chicos se quejaban de la mala comida tanto o mas que las chicas, no comprendo como no era mas paritaria la cosa. Vamos, lo que no entiendo es como no se apunto hasta el cocinero.

Recuerdo que uno de los días hicimos un guiso (ternera, patata, zanahoria, guisantes, etc…). Lo recuerdo porque aquel día comí bien.

También me acuerdo de otro día que nos pusieron por parejas para hacer un bizcocho o similar y andaba yo engrasando un molde, con las hormonas revolucionadas propias de la edad, pensando que si me dejaban a solas con la compañera y la mantequilla le iban a dar mucho por el saco al molde… ¡Como estaba la niña!

Y mi ultimo pero mas intenso recuerdo (el que ha motivado esta entrada) es que un día hicimos, esta vez de forma individual, un pan. Harina, agua, levadura y sal, nada que no supiese ya en ese momento pues eso ya lo conocía de un cómic (por aquellos tiempos tebeo, tendría 7 u 8 años) en el que Goofy era panadero y lo explicaba. Hay que ver lo que guarda la memoria a veces.

El caso es que en ese taller no aprendí básicamente nada de cocina (exceptuando engrasar el molde), pues si bien seguro que era uno de los objetivos del taller, no era uno de los motivos que me habían llevado a mi allí. Y aunque se que participé y realicé las recetas, es algo que me mente decidió olvidar, pero ese pan…

Creo que fue en el blog de Su (está en los enlaces, de obligada visita para los cocinillas), quizás en su entrada del pan milagro donde leí (al igual que en otros sitios de cocina) que uno nunca olvida su primer pan. Eso mismo me pasa a mi. No tengo ni idea de que receta utilicé ( cantidades, tiempo de levado, de horno…), pero recuerdo a la perfección el olor del pan recién hecho al abrir los hornos, aquella pequeña hogaza aun caliente entre mis manos mientras me la llevaba a la habitación para disfrutarla con algo de embutido que tenía por el armario. Recuerdo incluso su sabor y textura, su corteza crujiente, su miga ligeramente hueca y esponjosa… Han pasado unos 15 años desde entonces y aun puedo saborearlo en mi mente.

Un día de estos quiero repetir la experiencia, con mi ex-mujer hicimos juntos algún pan mallorquín (pero ese pan no es santo de mi devoción), pero yo solo nunca he vuelto a hacer uno…

Para el que nunca haya probado a hacer un pan y quiera intentarlo una buena base puede ser el pan milagro del blog de Su. Yo aun no he comprado una fuente Pyrex con tapa para probar, así que me tiraré a métodos mas tradicionales con levado y tal… a ver que sale.

Ahora que lo pienso, tiene que ser divertido hacer un pan con Patrice por ahí rondando (por no hablar de engrasar un molde… apunte mental: un bizcocho).

Un saludo a todos y…
Nos vemos en la red.

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En la soledad de mi habitación, algunas veces el alba me sorprende oteando el otro lado aun a sabiendas de lo infructuosa que es esa búsqueda. Con ausencias por única compañía, el lecho se antoja ahora inmenso acostumbrado ya a usar solo una parte de el. Cierro los ojos y sin ningún esfuerzo llegan los fantasmas a mi mente, fantasmas de un pasado presente, de todas las que en alguna ocasión lo han llegado a compartir conmigo. No este colchón concreto sino cualquiera de ellos.

Curiosamente ya no duele… Es mas bien una sensación difícil de definir pues en español no tenemos una palabra para ello. Saudades la llaman en portugués… Es una mezcla entre la triste añoranza de lo que ya no tienes y la felicidad por haberlo tenido alguna vez. Es esa sensación agridulce que te embarga cuando te acuerdas de alguien querido que ya no está junto a ti… Y es que como ya he dicho en otras ocasiones… Las he amado a todas. Quizás no de la misma manera y quizás no como ellas necesitaban en ese momento, pero lo cortés no quita lo valiente.

No suelo adentrarme al centro de tan vasta superficie y el otro lado es ya terreno desconocido… como un desierto que se extiende delante y acaba en el abismo del borde. La parte positiva es que no necesito explorarlo pues ya se que nada es lo que voy a encontrar.

Seguramente acabaré por tomar posesión plena de todos mis dominios, cual señor feudal con un reino que se acaba de anexionar… solo es cuestión de tiempo. Cualquier dia de estos el otro lado de la cama dejará de ser ese viejo caserón vació y lleno de fantasmas.

Un saludo a todos y…
Nos vemos en la red.